Las voces de la Plaza
 
Prensa
 

Las voces de la Plaza

Por Luciana Isa*

El único momento que se hizo silencio durante el día de ayer, fueron las horas que duró el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la inauguración formal del 133º período legislativo de Sesiones Ordinarias del Congreso de La Nación. Nada menor, si tenemos en cuenta que Cristina dio en discurso de casi 4 horas (3 horas, 38 minutos cifraron los portales de noticias). Sin embargo, era un silencio que escuchaba atento, que decía, que comentaba, que compartía mucho. Era un silencio con mucho contenido -como su discurso- porque la gente que se reunió ayer en la Plaza de los Dos Congreso (en sus alrededores, en los balcones de los edificios y en los bares que rodean la plaza) no fue ni quería ir en silencio, todo lo contrario, quería ir a expresar su apoyo a la Presidenta de los 40 millones de argentinos y también a celebrar un momento que simboliza la democracia, como es la continuidad ininterrumpida de vida parlamentaria desde el año 83’ a esta parte. No obstante, la celebración democrática no formó parte de los titulares de los principales medios de comunicación; en tales casos, no había gente sino agrupaciones kirchneristas, como si dentro de ese espacio político la gente no fuera una categoría habilitada. También titulaban: “Cristina fue a despedirse, antes de dejar el poder”, sin ningún tipo de reflexión y análisis acerca de la concepción del poder, y sí con una clara denegación acerca de su modo de ejercerlo.

Pero ayer “la gente”, dentro de las cuales mucha forma parte de diversas agrupaciones y organizaciones kirchneristas, de Derechos Humanos, de colectivos que luchan por la igualdad de derechos, etc., decidió dejar las pantallas para ir a escuchar y a acompañar a Cristina a la plaza en su discurso y lejos de hacerlo en silencio lo hizo con mucho ruido y contenido. Y justamente porque también era una celebración democrática, el silencio no era bienvenido. Nuestro país ha vivido trágicos años de gobiernos de facto en donde el silencio, el miedo y la represión formaron parte de una estrategia de encubrimiento y ocultamiento de crímenes y desapariciones forzosas de personas, de abusos ilegítimos de poder, de violaciones de derechos humanos, que significativamente fueron silenciados a través de la amenaza del miedo: nadie sabe, nadie responde, nadie garantiza.

Entonces la Plaza de ayer no buscaba el silencio, el silencio no dice nada, no promueve ni transforma realidades y la gente es consciente de eso y por eso decide ir a escuchar a su presidenta pero también a celebrar, a cantar, a aplaudir, a conversar y compartir con otros que sienten y piensan lo mismo. Se sienten cómodos en este país que pudo construir Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, pero que pudieron hacerlo porque hubo un pueblo que acompañó ese proceso. Sin el apoyo del pueblo que eligió en 2003, desesperado y ahogado por la tristeza de un país que se hundía, apostar por un cambio y por la realización de la promesa de un sueño, y que luego decidió seguir acompañando la consolidación de esas transformaciones durante doce años, este país cómodo en el que vivimos -el que Cristina decide que sea cómodo para su pueblo, para su gente, y no para dirigentes expectantes de ocupar su lugar con el claro objetivo de rebobinar en la historia- ese país no hubiera sido posible.

Porque también el partido opositor, disfrazado de medio de comunicación crítico y opositor, en sus análisis de los discursos de la Presidenta señala que Cristina no hace más que hablar de los logros de sus gestiones y de las de Néstor Kirchner como si ambos los hubiesen hechos solos, calificando negativamente su capacidad de auto elogio; sin dudas que todos y cada uno de los logros de estos gobiernos, que Cristina repasó en su discurso de forma intachable, fueron acompañados por la voluntad del pueblo, pero fue una voluntad de que alguien lo conduzca.

Y esa voluntad se expresó claramente ayer; con carteles, remeras, bombos, baile, música, cánticos y un himno nacional entonado con una alegría y señales de la victoria, que no hicieron invisible el respeto y el amor por ese símbolo, afortunadamente cada vez más presente en las fiestas populares de los últimos años. Es una voluntad de que este sueño que Néstor nos propuso y que se hizo realidad continúe y se siga cumpliendo, por los sueños de todos los argentinos y por todo lo que falta soñar. Es una voluntad que no quiere que la silencien y que no se avergüenza de andar a los gritos, del tumulto, del estar apretujados.

El pueblo que dijo presente ayer en la plaza entiende que en las urnas de octubre el que suma es el Proyecto. Y ayer lo fue a defender con alegría y esperanza y no en silencio. A eso sí hay que temerle.

*Docente e investigadora de la FPyCS-UNLP.

Correo Perio