Fregmento de uno de los dos documentos de Nisman -de diciembre de 2014- difundidos por el juez Rafecas
 
Prensa
 

El “último Nisman” y la sombra del Estado de Israel

Por Sebastián Pellegrino*

El juez Daniel Rafecas, a través del Centro de Información Judicial (CIJ), dio publicidad a dos cruciales documentos que el exfiscal Alberto Nisman tenía guardados en la caja fuerte de la unidad fiscal AMIA. Esos documentos fueron entregados, a fines de enero pasado, al reemplazante de Nisman en la fiscalía, Alberto Gentili, por parte de la secretaria del exfiscal.

¿De qué se tratan esos documentos? Según le informó por escrito la secretaria general de la UFI AMIA a Gentili, ante la persistente falta de cooperación por parte de las autoridades iraníes el fiscal Nisman venía trabajando en una “nueva vía legal” para motorizar la investigación: pretendía solicitar al Poder Ejecutivo Nacional que requiriera al Consejo de Seguridad de la ONU la activación de “mecanismos compulsivos” y se conminara a la república de Irán a la detención con fines de extradición a los 8 imputados de esa nacionalidad.

En los últimos años, Nisman exploraba el camino de la coerción sobre Irán mediante el Consejo de Seguridad de la ONU, ante quien debía presentarse el gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, tal como lo explica la secretaria general de Nisman a Gentili, con el Memorando de Entendimiento entre Argentina e Irán en 2013 se gestó “un escenario adverso a la vía que (Nisman) pretendía intentar”.

Claro que el mecanismo compulsivo –que implica la intervención por la fuerza en Irán para la captura de los 8 imputados-, necesariamente, es contrario a cualquier entendimiento diplomático.  

De allí que, firmado el Memorando, Nisman decidió posponer su “nueva vía legal” y, en cambio, comenzó a elaborar dos documentos con algunas diferencias entre sí: uno para el caso de que Irán finalmente ratificara el acuerdo; el otro, para el caso de que Irán no lo hiciera. Ambos están fechados en diciembre de 2014, es decir, un mes antes de la muerte del fiscal.

Son estos los documentos que el juez Rafecas acaba de dar publicidad, a través del CIJ, y que fueron de especial importancia a la hora de desestimar la denuncia original de Nisman y que fue reeditada por el fiscal Pollicita.

Hasta diciembre de 2014, Nisman corregía y daba los últimos retoques a los dos documentos hallados en su caja fuerte, y en ninguno daba indicaciones sobre la denuncia penal que realizaría apenas un mes después contra la Presidenta de la Nación y funcionarios del gobierno por presunto encubrimiento a los iraníes acusados del atentado.

Es más: en los dos escritos, Nisman aseguraba que “en reiteradas oportunidades, el Gobierno Argentino –primero el Dr. Néstor Kirchner y luego la Dra. Cristina Fernández- reclamó ante la ONU que Irán cumpla con las órdenes de captura libradas en la causa, acate la jurisdicción argentina y entregue a los imputados para su juzgamiento”.

Asimismo, sobre el Memorando de Entendimiento afirmaba que había sido firmado como consecuencia de la “falta de resultados respecto del objetivo de lograr la detención de los imputados (…) Sólo cabe considerar a dicho instrumento como una exteriorización más de la actitud dilatoria, cuando no provocativa y desafiante, que han adoptado desde antaño las autoridades iraníes en lo que respecta a esta investigación”.

¿Cómo se produjo semejante cambio en Nisman, que de un mes a otro pasó, de pensar en la inutilidad del Memorando, a denunciar un plan criminal de encubrimiento encabezado por la Presidenta? Para la secretaria de UFI AMIA, Nisman había actualizado en varias oportunidades los dos documentos y su convicción se había “modificado sustancialmente respecto de un conjunto de conclusiones y presunciones contenidas en esos textos”.

De ser cierto lo que afirma la secretaria, el exfiscal habría pasado de considerar infructuoso el memorándum con Irán (el cual nunca entró en vigencia) a formular una denuncia penal en menos de 30 días con elucubraciones de extrema gravedad institucional contra la titular del poder ejecutivo argentino.

El cambio de Nisman fue demasiado abrupto, como su salida intempestiva en los medios hegemónicos, como el regreso anticipado de sus vacaciones, como su muerte… como el apuro del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, para quien la causa por el atentado a la embajada de Israel tiene estado de “cosa juzgada”, cuando no lo tiene aún.

Hubo al menos dos Nisman: el que hasta 2014 tuvo la convicción de que, a pesar del Memorando con Irán, el Estado argentino apoyaba la investigación; y “el último Nisman”, que fue hallado muerto en el baño de su departamento luego de iniciar una denuncia penal sin pruebas, sin estilo ni lenguaje judicial, sin coherencia en el propio texto de la acusación ni señalamiento de acciones que, aún si hubieran existido, no habrían configurado delito como es el caso de la Comisión por la Verdad que preveía el fallido acuerdo con Irán.

Tal vez “el último Nisman” haya sido resultado de los movimientos geopolíticos que, durante los últimos meses, se dirimen en torno al futuro inmediato de Irán. Y tal vez por esos movimientos la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner alertaba a los argentinos a fines de enero, tras la muerte del fiscal, que no se permitiera el ingreso al país de “toda esa mugre que hay afuera”, en “regiones remotas del mundo”, cada vez más complejo, más difícil, “donde se torturan y se matan”.

Al igual que el Memorando entre Argentina e Irán, Estados Unidos viene negociando con el Estado persa un acuerdo por 10 años para el levantamiento de las sanciones impuestas al país asiático a cambio de que se detengan los presuntos intentos de desarrollo de armas nucleares y se constituya una comisión internacional para el monitoreo y transparencia de los términos del acuerdo.

Las semejanzas son varias: se trabaja a nivel diplomático, se discuten concesiones mutuas, se basan en la confianza recíproca, se reconoce a priori el riesgo de que uno de los estados no cumpla con sus obligaciones ¿Acaso la prensa corporativa argentina o el flamante partido judicial o los desperdigados opositores políticos han sugerido un plan criminal de Obama tendiente a posibilitar un futuro bombardeo nuclear de Irán sobre Israel?

No, y tampoco lo harán, siempre que se trate de Estados Unidos. Pero quien sí habló del inminente “desastre nuclear” fue el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 3 de marzo de 2015 ante el propio Congreso de Estados Unidos. Por primera vez, el mandatario no fue recibido por el presidente Obama debido al malestar generado por la postura de Israel.

Ante la mayoría republicana y sin la presencia de los legisladores demócratas, Netanyahu dijo: “Amigos míos, he venido hoy aquí porque, como Primer Ministro de Israel, siento la profunda obligación de hablarles sobre un hecho que puede amenazar la supervivencia de mi país y el futuro de mi pueblo: el requerimiento de Irán para armas nucleares (…) debemos permanecer todos juntos para frenar la marcha de conquista, sometimiento y terror de Irán”.

“Más allá de Medio Oriente, Irán ataca a Estados Unidos y a sus aliados a través de su red terrorista global. Voló el centro de la comunidad judía y la embajada de Israel en Buenos Aires (…) El acuerdo no bloquea el camino de Irán a la bomba sino que allana el camino de Irán hacia una bomba. Así que ¿por qué iba alguien a hacer este acuerdo? ¿Debido a que confían en que Irán va a cambiar para mejor en los próximos años o creen que la alternativa a este acuerdo es peor?”, afirmó Netanyahu.

“Este acuerdo no será un adiós a las armas. Será una despedida para el control de armas. Y el Medio Oriente pronto sería un campo minado nuclear. Una región donde una pequeña escaramuza puede desencadenar una gran guerra se convertiría en un polvorín nuclear”, agregó, y prometió al final de su discurso: “Aunque Israel tenga que plantarse solo, lo hará. Pero sé que Israel no está solo, sé que Estados Unidos está con Israel”.

Alberto Nisman nunca fue presionado por el gobierno argentino porque el exfiscal nunca formuló una denuncia verosímil, con hipótesis fundadas ni pruebas reales. “El último Nisman” apuntó a un Memorando que nunca tuvo vigencia porque Irán no lo ratificó; apuntó también a supuestos objetivos y resultados futuros del Memorando  que, por su propia condición, no pueden ser objeto de predicción.

Su precipitada muerte se inscribe –en caso de estar vinculada directamente a su actuación como fiscal de la causa AMIA- en el cruce de fuerzas globales que operan en escenarios ajenos, como la Argentina, y que presionan por sus propios intereses trayendo la “mugre desde afuera”.

Por eso la Presidenta, el pasado domingo 1 de marzo durante la apertura de sesiones del Congreso, pidió “que nadie se confunda escribiendo que fue un atentado contra los judíos el de la AMIA. No fue contra los israelitas ni contra el Estado de Israel, sino contra la República Argentina y los argentinos”.

*Prosecretario de Comunicación y Prensa - FPyCS

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