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Informe: 8 de marzo Día Internacional de la Mujer

Por Laboratorio de Comunicación y Género

En el escenario del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, y ante los incesantes cambios de coyuntura a nivel local, regional e internacional en materia de visibilización de las múltiples violencias que atraviesan a las mujeres, deviene en una tarea de inminente compromiso militante, la de realizar una evaluación del camino académico y político transcurrido, y fundamentalmente, actualizar el diagnóstico sobre los logros alcanzados y las deudas pendientes en materia de equidad de derechos, en vistas a trazar líneas de acción acordes.

Nuestro Laboratorio de Comunicación y Género -y su principal línea de trabajo, el Observatorio de Medios con perspectiva de Género-, surge en el año 2009; en un contexto histórico donde, desde el propio estado y por primera vez en la historia argentina, no sólo se puso en cuestión el rol crucial de los medios de comunicación masivos en la construcción de agendas setting y opiniones públicas, sino también su dimensión política, sus intereses económicos y corporativos.

El Observatorio significó un aporte institucional cualitativo en este proyecto nacional de transformar los medios y la comunicación, proporcionando un monitoreo sistemático y un análisis pormenorizado en base a las narrativas mediáticas, desde una perspectiva teórica anclada en la comunicación/cultura y desde un enfoque de género. Concretamente, nuestro trabajo analítico estuvo centrado en dos categorías nodales interrelacionadas en la construcción del discurso público sobre la mujer: cuerpo y poder, y tomando como corpus, las noticias relacionadas a casos de femicidios y hechos explícitos físicos/sexuales, de violencia de género.

Desde este espacio, consideramos que abordar la realidad social desde el género tiene implicaciones profundamente democráticas ya que aporta elementos teóricos y metodológicos que fortalecen la cultura de los derechos humanos.

Del mismo modo, estamos convencidas de que la perspectiva de género no es patrimonio unívoco de las mujeres, así como hablar de género no quiere decir tomar exclusivamente a las mujeres como objetos de discusión. Incluso, es mucho más que visualizar las relaciones de poder entre hombres - mujeres; es observar cómo se percibe y se inteligibiliza el mundo de manera dicotómica; es decir, dividido en pares no sólo opuestos, sino jerarquizados y sexualizados, cosmovisión en la que todo lo femenino pareciera valer menos que lo masculino.

Este posicionamiento se vehiculizó a través de una acción concreta, que fue la de mirar medios y producir discursos “nuevos”, detractores de los imaginarios residuales, que fijan representaciones de violencia hacia aquellos sujetxs abyectxs al heteropatriarcado.  Pero no fue la única.

En los años subsiguientes, y luego de la efectiva aprobación de normativas ampliatorias de derechos (Ley de servicios de comunicación audiovisual 26.522, Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres 26.485, Ley de Identidad de Género 26.743) las líneas de trabajo se diversificaron, tornándonos un centro estratégico y referencial de articulaciones políticas y comunicacionales, con actores heterogéneros –Universidad, organizaciones sociales territoriales, ONGs, organismos de gestión pública, la comunidad en general-.

Entre 2013 y 2014, puntualmente, se terminaron de consolidar dos experiencias de investigación-acción, donde la comunicación, en tanto factor transversal, funcionó como herramienta de diálogo, comunión, intercambio y transformación social.

Por un lado, La Red de Observatorio de Comunicación y Género desarrollada entre el período 2011-2014 en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP) fue una fusión de espacios académicos, gubernamentales y no gubernamentales, dedicados al monitoreo crítico de medios y políticas públicas orientadas al abordaje de la violencia simbólica y mediática. Por el otro, la Escuela Popular de Género,  que significó la puesta en práctica de un proceso educativo de características emergentes.

En cuanto a la Red de Observatorios se propuso densificar las vinculaciones institucionales y organizacionales para propagar las estrategias comunicacionales orientadas a los medios y al género. Convocó a distintos observatorios de medios que  desarrollan producción de conocimiento en el campo de la comunicación y el géneroen espacios académicos, en políticas públicas y en la sociedad civil. Esta convergencia de voluntades dio como resultado la publicación del E-book “Red de Observatorios. Experiencias en Comunicación y Género: Continuidades, rupturas y perspectivas”, editado por la Editorial de Periodismo y Comunicación, que consiste en una recopilación de experiencias, saberes y prácticas así como una cartografía de los modos en que es posible abordar y transformar la violencia simbólica en los medios masivos.

Este libro constituyó la primera sistematización de la experiencia de los observatorios de medios en nuestro país, muestra que las leyes no implican por sí solas una conquista si no son articuladas y usadas en el marco de una serie de prácticas integrales. Esta experiencia dio cuenta de que puede derribarse el imaginario de que las políticas públicas son un problema de perfil técnico reservado a los expertos, asesores o especialistas, para reencuadrarlo como intervención de la universidad pública en las luchas políticas. Lo comunicacional es situado así como espacio de las formulaciones ideológicas y culturales donde el carácter múltiple, heterogéneo y situado de las políticas de derechos que hemos logrado no señala simplemente logros u objetivos cumplidos -y por lo tanto resueltos- sino nuevos desafíos a nuestras formas organizativas para la emancipación colectiva.

En el marco de la Red, el Laboratorio, con su línea de Observatorio, se integra en el equipo de Trabajo de Elaboración de Sanciones a la Violencia Mediática del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (Presidencia de la Nación) coordinado por la Dra. Perla Prigoshi.

Por su parte, la Escuela Popular de Género (EPG) surgió como producto de un convenio entre la Facultad de Periodismo y el Consejo Nacional de las Mujeres,  y significó una apuesta educativa, comunicacional y de género fuerte, al congregar a una universidad pública, junto a un órgano del ejecutivo nacional y organizaciones sociales. Realizada entre el noviembre de 2013 y marzo de 2014, participaron mujeres de sectores populares con inserción y referencia territorial e intentó problematizar las modalidades en que la violencia de género se presenta en la vida cotidiana. Se establecieron como ejes de trabajo la violencia de género, los estereotipos, la salud sexual y reproductiva, y la necesidad de tejer redes en los barrios, apostando a su conformación con estrategias de comunicación y técnicas de mapeo barrial.

Vale mencionar que a partir del antecedente de la EPG, se han abierto proyectos en donde han confluido nuevamente el campo educativo y el de las políticas públicas en materia de género. En este sentido, hemos participado como cuerpo docente y coordinadorxs de la experiencia de las Diplomaturas, convenidas entre el Ministerio de Desarrollo de Nación, el Consejo Nacional de las Mujeres y la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, destinadas a la formación específica en la “temática” de género, de más de mil mujeres del Plan Argentina Trabaja.

Nuestra investigación se compromete cada día con la trasformación política de nuestra comunidad alojando, incentivando, motivando y participando en distintas actividades que vinculan investigación-formación y acción.

Entre otras actividades, promovemos la rediscusión del derecho al aborto en todo el territorio nacional, como una medida de eliminación de violencia extrema contra las mujeres. No solamente por el argumento del derecho a la legislación sobre el propio cuerpo sino por lo que además implica que se determine desde la legislación una prohibición que solo incide sobre una de las contrapartes (de dos) necesarias para el embarazo.

Creemos que hay que decir la palabra aborto descargando la carga estigmatizante y emotiva sobre ella como un modo de descolonizar los discursos sociales de su carga emotiva. Abortar sea tal vez un hecho traumático porque recibimos una educación emocional enmarcada en discursos morales que así lo indican. Es decir se nos enseña la culpa.

Otra de las cuestiones fundamentales es elevar la discusión de género de los sitios estancos en las que las sitúa la industria mediática: el poder no se dirime entre quien realiza las tareas domésticas, sino en la posibilidad de autonomía decisión e implicación con nuestras circunstancias.

De ahí que sea necesario primero reconocer que las normas de género no se saltan solamente con una redistribución de la organización del hogar sino con la posibilidad de rediscutir la vida pública, la vida íntima como argamasa. Analizando el correlato que estas articulaciones comportan en materia de derechos. Derecho a trabajar, a liderar a hablar no solamente desde un pronunciamiento tímido, agradecido o reivindicativo sino llevando la imaginación hacia el límite de las posibilidades, inventando nuevos nombres para lo que no está creado, para aquello que nos incomoda. Hablando de amor, hablando de soledad, de los territorios excluidos de la discusión política

En forma rizomática, va proliferando y replicando sus umbrales una red de compañeras y de iniciativas que hacen sinergia para desarticular los cimientos culturales de la violencia de género. En los últimos años, estas redes se han visto abrazadas por un proyecto de país y de sociedad afín al respeto y la multiplicación de las diversidades y no al monopolio de discursos.

En nuestro caso, como Laboratorio, vimos crecer la trinchera, engrandecer los horizontes de utopía y trascender los compartimentos estancos del saber, integrando proyectos de comunicación y medios, educación y género, a una matriz compleja y transversal desde donde interpelar a lo social.

 

Florencia Cremona.

 

Directora del espacio.

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