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Mujer/Política

Por Tatiana Paine Olivera*

Cuando la política se entromete se desprestigia a las mujeres. Se ha vivido en estos últimos 12 años un pasaje entre el respeto y el descreimiento, en una vorágine de blancos y negros que no ha permitido indagar demasiado en los por qué de ese quiebre entre mujer y política. Pero es meritorio del que observa, escucha y piensa el reconocer rasgos característicos de los/las sujetos/as ejes que accionaron en la producción masiva de los mensajes de los medios de comunicación la configuración y establecimiento de esa ruptura.

Uno de los rasgos que se puede desarrollar en la actualidad es el género. Género como construcción identitaria y no género como en las definiciones biologicistas. Así, el género se formó como estandarte de lucha en aquellas que por diferentes motivos antepusieron las condiciones patriarcales de la debilidad de ese género para transformarlas en fuerza, en oportunidades, en estandarte.

Pero el quiebre se formalizó cuando el género se mechó con la política. Las ideologías de esas mujeres que habían construido un castillo de reclamos y luchas, se les tornaron en contra gracias a la demonización de la política. Esa que se instaló en los noventa mediatizando y fanduralizando la militancia, la misma que muchos han intentado derribar desde el debacle económico del 2001.

Esa demonización, en un contexto bipolar y apoyada por los mensajes masivos de los medios de comunicación se convenció a la opinión pública de que el apoyo a una determinada posición política, implicaba el deterioro de sus luchas, o al menos, las dudas al respecto de las mismas.

Pero, qué es lo que molesta o por qué molesta.

Por que incomoda. Incomoda que se hable de nuevo políticamente, y aún más, perturba que esas que hablan de política, hacen política y trabajan con derechos vulnerados ayer y hoy son mujeres. Pertenecen a ese género ninguneado y débil que puede pedir justicia por sus hijos/as, nietos/as muertos, asesinados, desaparecidos, violentados y vulnerados sus derechos, sólo porque son familia pero NO porque crean en la decisión política de profundizar un modelo que trabaje por y para el cumplimiento de los derechos.

Desprestigia entonces la inclinación política de la mujer luchadora, porque aún existen quienes desean volver a esos años 90 en los que se farandulizaban incluso las luchas más auténticas. Esas que al día de hoy han logrado imponer se hable en la sociedad sobre la trata de personas y que incluso se piensen y lleven a cabo políticas públicas para desmantelar las redes de trata, y para informar sobre este delito y sus modus operandis.

Esas que todavía luchan, reclaman, piensan y repiensan las formas para que la sociedad toda reclame el legítimo derecho al aborto legal seguro y gratuito, y que por fin se dé la discusión cajoneada tantas veces por sectores del legislativo. Porque el aborto incluye prácticas de enseñanza colectiva sobre el sexo cuidado, sobre enfermedades de salud sexual, sobre métodos de prevención. Porque si hay algo que han tenido siempre presente las y los feministas es que el debate se debe hacer en pos también de una ley de educación sexual y reproductiva para todos y todas.

Se pueden enumerar aún más luchas, pero el análisis infiere que no debería importar el acompañamiento partidario de las mujeres para, en pos de ello, decidir creer o no creer en sus debates. Lo político se encuentra inmerso en cada palabra que se elige decir, en cada gesto que se realiza. Ser sujeto/a parte de esta sociedad implica haber crecido con normas, parámetros, cultura que ha formado el ser de cada persona, y es por esas enseñanzas anti política que se puede ver esa degradación hacia la mujer ideológica, hacia la mujer política.

El detalle entonces se encuentra no sólo en la percepción maligna de la política o de la ideología, si no en ese cuerpo femenino que no debería inmiscuirse en política. Su espacio sigue siendo el que desde años, la cultura patriarcal ha construido para la sociedad humana mundial. Si sos mujer en política sos una “yegua”, que en la biología, hace referencia a un mamífero équido con tales y cuales características dentro de las que se destaca la facilidad de domesticación. ¿No es eso acaso, lo que se pretende seguir reproduciendo en los discursos y hechos sociales?

Hasta el/la más progresista peca muchas veces de constructor y profundizador de esta marginación de tipo genérica. Porque el feminismo tiene que ver desde sus principios con lo político, y tiene necesariamente que ver con la lucha de clases, con la apropiación de espacios, con la transformación del orden social establecido y en ello, se encuentran los derechos, los reclamos y las luchas. Es necesario entonces, construir desde todos los espacios en donde se encuentre cada uno/a, la idea de mujer política sin divisiones entre ambas.

La mujer y la política, se encuentran en constante articulación. Es momento ya, de buscar las formas para destruir el descreimiento en las mujeres políticas/ideológicas, porque ellas siguen mereciéndose respeto. Es momento de quebrar la vorágine de blancos y negros, buscar los grises que permitan analizar el momento histórico en relación con el pasado para, como siempre, pensar y construir el futuro que se viene de la mano de las mujeres.

 

*Periodista. Becaria en la Secretaria de DDHH.

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