Rozanski y Daleo disertaron en el Rectorado de la Universidad en el Mes de la Memoria
 
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“El proceso de Memoria, Verdad y Justicia es absoluta, total y definitivamente irreversible”

El juez federal Carlos Rozanski disertó en el Rectorado de la Universidad en el marco del Mes de la Memoria

“Juzgar a ex comandantes después de una dictadura feroz, es un desafío que pone a prueba a todo el sistema, fundamentalmente al sistema encargado de juzgar, que es un poder judicial tradicional y conocidamente conservador, reaccionario y, en muchos casos, cómplice que aportó cuadros a la dictadura cívico militar; no se puede desconocer había jueces que rechazaban todos los días habeas corpus con costas, que no eran jueces comunes y silvestres: eran jueces de la dictadura”, expresó el presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata, Carlos Rozanski, que participó del panel “La justicia por los crímenes de la dictadura en perspectiva histórica. A treinta años del juicio a las Juntas”, organizado conjuntamente por la Secretaría de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de la Plata y la Maestría de Historia y Memoria de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en el marco de las actividades que se desarrollarán durante marzo en la UNLP por el Mes de la Memoria.

Del encuentro, que se desarrolló en la sala de Consejo Superior de la Universidad y que contó con una nutrida presencia de público, también participó la integrante del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la UBA y ex presa política en el Centro Clandestino de Detención que funcionó en la ex Escuela de Mecánica de la Armada, Graciela Daleo. Además, estuvo presente la referente de Madres de Plaza de Mayo de La Plata, Adelina Demati de Alaye; el ex Fiscal General Federal de Bahía Blanca, Hugo Cañón; la directora de Derechos Humanos de la Universidad, Verónica Cruz; el secretario de Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Jorge Jaunarena; entre otros.

Los expositores debatieron durante casi dos horas sobre los alcances y los límites del denominado Juicio a las Juntas, que ambos estuvieron de acuerdo en llamarlo juicio a ex comandantes, ya que no se los juzgó como integrantes de una fuerza superior (las juntas militares que gobernaron desde 1976 hasta 1983) sino como partes de las dependencias que a cada uno comandó durante la última dictadura cívico militar. En este marco, analizaron la “teoría de los dos demonios” que se expresa en las sentencias que se dictaron en ese juicio y en los decretos que se firmaron para habilitarlo, las decisiones políticas que llevaron a la realización del juicio y el impacto que tuvo en los acusados y en la sociedad.

El magistrado agradeció la creación de espacios para reflexionar sobre lo sucedido durante la dictadura y después de ella, y sostuvo que “es muy fuerte pensar en la diferencia de la Universidad de hoy con la de aquel momento. La de aquel momento tiene la rara característica de haber aportado muchas víctimas, pero también muchos victimarios”

Desde el año 2000, Carlos Rozanski se desempeña como presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata. En el año 2006 fue el primero en condenar a un represor luego de la anulación de las leyes de la impunidad, y ha desarrollado numerosos juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.

A principios de los años ochenta, en el ocaso del genocidio denominado Proceso de Reorganización Nacional, Rozanski trabajaba como abogado y como guionista invitado de un ciclo televisivo de Canal 13 que se llamó “Compromiso”. Todavía mantenía su contrato cuando el programa dejó de emitirse, y la tarea que le asignaron fue la cobertura periodística del juicio a los ex comandantes de las Fuerzas Armadas que llevaron a cabo el golpe de Estado de 1976. “Una característica de esos juicios fue la novedad. Cuando yo estaba ahí todo era novedad: la fila que había que hacer era larguísima, los controles, todo era novedoso. Este juicio a los ex comandantes significó una novedad mundial, porque fue más lejos que el de Núremberg en algún sentido, pero a la vez significó un desafío”, consideró el juez, y agregó: “Fue un desafío que puso a prueba a todo el sistema, sobre todo al encargado de juzgar, que es un Poder Judicial tradicional y conocidamente conservador, reaccionario y, en muchos casos, cómplice que aportó cuadros a la dictadura cívico militar”.

“Las marcas, las huellas del terrorismo de Estado, que siguen absolutamente vigentes en nuestro país y en la región, son marcas culturales; las marcas de la tortura son marcas físicas, pero las del terrorismo de Estado es una marca cultural que nos condiciona y nos condicionó en todos estos años en muchos aspectos”, dijo Rozanski, y llamó a “correr los límites, fundamentalmente comenzando por el Juicio a las Juntas, porque cuando analizamos a la distancia los límites de aquel momento, como quienes fueron los que no integraron el grupo de acusados, quienes fueron absueltos, quienes recibieron una pena casi ridícula, también tenemos que analizar qué límites autoimpuestos había por parte del que está juzgando”.

En este sentido, reconoció que tiene mucho valor la sentencia de la denominada causa 13 (que condenó a los comandantes de las Fuerzas Armadas) porque el fallo expresa “Plan sistemático de secuestro, tortura, desaparición y muerte”, pero el magistrado sostuvo que “es necesario empezar a analizar contradicciones existentes entre esa visión que otorga una pena de cuatro o cinco años de prisión, porque quien formó parte de ese plan sistemático jamás podría quedar alcanzado por una visión tan minimalista de la cosa como para darle una pena ridícula”. “Hay un viejo chiste en el que le preguntan a un abogado cuánto es dos más dos y él responde ‘¿cuánto quiere que sea?’, lo cual está mostrando la influencia, el valor y el peso que tiene la ideología en la resolución de todos estos temas; ninguno dude que detrás de cada resolución hay una cuota de ideología”, agregó.

"Rozanski: Juzgar a ex comandantes después de la dictadura es un desafío que pone a prueba a todo el sistema, fundamentalmente al sistema encargado de juzgar"

“El juicio a las Juntas significó una bisagra y un desafío muy importante para el sistema, y cada uno respondió como pudo; es decir, cada uno respondió con su propia ideología y formación”, sostuvo Rozanski, y recordó que durante su niñez en el barrio porteño de Boedo le preguntó a su padre, que no había culminado sus estudios secundarios, qué significaban unos carteles que mostraban fotos de cabezas humanas colocadas en estantes: “Un niño al que una persona que tiene hasta sexto año del primario y que sabe y le explica qué fue el Genocidio Armenio lo marca para siempre; no solo porque sabe de la existencia de un genocidio en Armenia, sino porque sabe de la existencia del genocidio, que lo va a condicionar en todo lo que venga después”.

“A la teoría de los dos demonios la vimos, está escrita, está iniciada en el discurso: previo a condenar (en la sentencia de 1985) se dice ‘ojo que para que pase esto, tuvo que pasar aquello’, y la pregunta inevitable es ‘¿qué tiene que ver eso?’”, afirmó el magistrado, y agregó: “Estamos mezclando cosas que nada tienen que ver, salvo que en nuestra ideología o nuestra cosmovisión consideremos que sí tienen que ver. Yo me pregunto si en el contexto de ese juicio que fue poco tiempo después de la dictadura era necesario hacer una mención a la teoría de los dos demonios, y no: no había ninguna necesidad porque lo que se estaba juzgando eran determinados hechos delictivos que no tenían ninguna motivación jurídica”.

Finalmente, reconoció el valor que tuvieron los Juicios por la Verdad, que se desarrollaron desde 1998 en La Plata y se repitieron en otros lugares, como Mar del Plata, pero manifestó que “ese proceso importantísimo y esencial demostró que con la verdad no alcanza, porque la verdad es estática”. “Necesitamos como sociedad conocer la verdad, pero tenemos que dar un paso más, que es el de la justicia; esa justicia en marcha, que es la verdad pero transformada en acto, logra reparación, porque la buena justicia es reparación”, explicó Rozanski, y concluyó: “Cuando la verdad es conocida, cuando la justicia repara, el último eslabón de esto que es que nos va a garantizar un futuro mejor es la memoria; pero la memoria solo se va a poder cultivar cuando se conozca la verdad, cuando la justicia actúe adecuadamente y finalmente cuando haya ámbitos que generen espacios para garantizar que en Argentina nunca más vuelva a suceder eso y que comprendamos en toda su dimensión lo que pasó. Estamos en ese camino, y yo estoy feliz de eso”.

La socióloga e integrante del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la UBA, Graciela Daleo, expresó que el de 1985 “no fue un juicio a las Juntas, por más que históricamente lo retomemos y lo conozcamos así, porque los nueve represores que fueron juzgados, de los cuales cinco fueron condenados y cuatro fueron absueltos, no fueron juzgados en su carácter de integrantes de las Juntas militares”, y sostuvo que “ese no dato no es un detalle menor porque esto trajo consecuencias incluso en la sentencia porque se los juzgó en tanto su responsabilidad vertical, por haber sido la cabeza de este plan de exterminio”. En este sentido, argumentó: “Pero aun cuando se sostiene eso, paradójicamente no se los juzga en tanto asociación de esas cabezas de elaborar ese plan, sino que en forma separada. En el caso de Videla, esto no implicó una variación en la condena porque ya estaba al horno, pero sí implicó que la sentencia a Agosti, que fue el que más tiempo permaneció en una Junta, fue condenado solamente a cuatro años y seis meses de prisión”.

“Lo que significó esa experiencia fue un proceso de construcción, del cual este juicio formó parte, y que tiene que ver con que hoy estemos en otra situación”, manifestó la socióloga, y agregó: “Si estamos en otra situación, incluso en el ámbito judicial, tiene que ver con decisiones políticas, pero sobre todo y centralmente con el protagonismo que nuestro pueblo y sus organizaciones tuvieron en la lucha contra la impunidad que, de alguna manera, se transformó en uno de los ejes centrales de la acción política desde fines de la dictadura hasta el día de hoy”

Daleo valoró la decisión política de Raúl Alfonsín de llevar adelante el juzgamiento de los represores, pero criticó que esa misma decisión política fue la que llevó a instaurar la teoría de los dos demonios: “Hay que reconocer la firma del decreto 158 que ordenaba la persecución penal de los miembros de las tres primeras juntas militares, pero hubo un decreto anterior, el 157, que ordenaba la persecución penal de algunos miembros de las organizaciones revolucionarias que habían actuado en nuestro país”. “No es inocente que primero sea el decreto de 157 y después el 158: implica una lectura política, histórica y también jurídica, que marcó todo el desarrollo del juicio a los ex comandantes, pero que marcó también una visión de lo que vivió nuestro pueblo, que lo podemos sintetizar en la teoría de los dos demonios”.

Graciela Daleo fue militante de la Juventud Peronista, y fue secuestrada y trasladada en 1977 a la ex Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció en cautiverio un año y medio. En democracia, y como consecuencia del decreto 157 al que hace mención, también fue detenida hasta la llegada de los indultos de Carlos Menem a los militares y a los militantes populares encarcelados, pero Daleo fue la única que se negó a recibir ese indulto.

“Esa teoría de los dos demonios está presente en la sentencia de ese juicio y también en los alegatos, donde se hace un racconto de las acciones de las organizaciones ‘terroristas’ que explicaron o dieron la razón para los militares dieran el golpe el 24 de marzo de 1976. Esto, de alguna manera, me permite decir que la decisión del enjuiciamiento tuvo que ver, sobre todo, con juzgar, explorar y sancionar el método, pero no el hecho mismo del golpe dictatorial”, expresó la socióloga, y afirmó que “cuando se renuncia a enjuiciar el hecho basal y central, que transforma en ilegal a todas las acciones posteriores al 24 de marzo de 1976, ahí se está asentando una visión del proceso histórico que es importante tener en cuenta”.

Daleo: "Si hoy estamos en otra situación, tiene que ver con el protagonismo que nuestro pueblo y sus organizaciones tuvieron en la lucha contra la impunidad"

Otra de las limitaciones que enumeró sobre el Juicio fue la decisión del decreto 158 de confiar al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas el juzgamiento de los represores bajo el Código de Justicia Militar y no el Código Penal Argentino. En este sentido, citó al poeta y escritor Juan Gelman que en aquella época publicó un artículo en el que critica esa decisión y califica el proceso como “lobos juzgando a lobos”. También recordó que no hubo “una declaración de indignidad ni una degradación”, por eso algunos comandantes asistieron a las audiencias con uniforme militar. “Eso no es un dato menor para la época porque el uniforme seguía teniendo un peso que tiene por lo menos dos aspectos: en primer lugar, era como una señal de status de distinción del lugar histórico, pero el otro aspecto central es que el uniforme era, después de las dictaduras que habíamos tenido, una muestra simbólica y real del ejercicio del poder total y absoluto”.

Daleo expresó que “los juicios ya no son cosa de jueces, abogados y fiscales”, y concluyó: “Estos juicios son algo que es patrimonio colectivo, y no solamente porque los victimizados y los familiares podemos actuar como querellantes, sino porque también se van proponiendo nuevas perspectivas y se va abriendo un campo de construcción de la historia, donde el territorio de los tribunales es un territorio para dejar plantada no solamente la lucha por la justicia, sino la construcción de la memoria y la verdad”. 

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