La lucha por la ética profesional
 
Prensa
 

La lucha por la ética profesional

Por Jorge Luis Bernetti*

Un político de llegada a la opinión pública golpea duramente a un periodista director de una agencia de noticias provincial con poco prestigio profesional. ¿Es la situación para hacer una reflexión acerca del estado de la profesión? No es la mejor, pero es la que se presenta en las actuales circunstancias para seguir pensando la cuestión mediática. La agresión-repudiable- marca la condición del político derechista que se desgañita en contra de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y que defiende “la libertad de prensa” como si la Argentina kirchnerista fuera una dictadura. El periodista embiste, justo en estos días con una nota acerca de la supuesta conducta sexual de la esposa del político con evidentes fines difamatorios.

Frente al tema cabe la recomendación al político de que utilice los recursos legales ante los tribunales y no sus puños. Ante la profesión cabe la cuestión de si intentar la construcción de una ley de ética periodística, administrada por un Tribunal respectivo conformado por los periodistas mismos no servirá como forma de autoadministración de conductas.

Una concepción liberal conservadora, que tiene presencia también en algún progresismo mediático, rechaza la configuración del Tribunal propuesto como si éste configurara otro inaceptable atentado a la libertad de prensa.

Si los periodistas votaran por representación proporcional un tribunal adecuadamente constituido en adecuada proporción federal, de género, de especialidad y con otras variables que se quieran incorporar y si ese organismo ético aplicara sanciones morales, ¿no se contribuiría a diseñar y aplicar normas adecuadas al comportamiento profesional?

Se trata de entender y aplicar normas profesionales de búsqueda de fuentes diversas, de consultar a quienes se va a denunciar, criticar o cuestionar, de cuestionar la violencia del lenguaje, la violencia de género, la discriminación clasista y étnica.

Se trata de trabajar para mejorar el cómo se produce una información y no el que se afirma ideológicamente.

Se trata de superar la información publicitaria –paga- enmascarada como información. De identificar las fuentes, sobre todo cuando la información es pública o en especial periodística.

Un tribunal también puede constituir una comisión que construya un código de ética común a la profesión que conozca y pueda demandar en su aplicación el público, en tanto los medios y los organismos profesionales construyan sus propias autoregulaciones para orientar la propia construcción de la noticia.

El debate sobre el tema ya mejoraría el diseño de la información por el compromiso que los trabajadores/ profesionales de la comunicación asumirían en su conducta y también en sus demandas a los medios donde trabajan para que éstos asuman su responsabilidad en el tema garantizando la libertad para construir una información seria. También para que las condiciones laborales se brinden para permitir tiempo y recursos para una adecuada búsqueda y construcción de la noticia.

La incorrección profesional, los gritos, las interrupciones en el diálogo, la omisión en los textos y las imágenes deben formar parte de la crítica de los propios comunicadores en primer lugar, además de la previsible crítica del público.

Desechar el diseño de una ley de ética y la institución de un Tribunal respectivo constituido con autonomía bajo el argumento de que los similares de las asociaciones de profesionales de otros rubros (abogados, contadores, médicos, entre otros) corrigen poco a sus miembros, elude la necesidad de que éstos organismos se reconviertan y, en cambio, da pie a la intervención que se teme con razón del Estado, y más específicamente del Gobierno.

La discusión de ideas se basa en el debate libre que no puede ser interrumpido o limitado. En cambio, la necesidad de que ese debate se realice técnica y éticamente de la mejor manera posible constituye una tarea pendiente, un debate que los propios periodistas deben asumir.

Enfrentar la concentración mediática es tarea imprescindible de un orden democrático. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual expresa esa lucha. Pero la lucha de los periodistas por construir instrumentos éticos para la superación y recalificación de la información es también una perspectiva impostergable.  

*Director de la Maestría de Periodismo FPyCS-UNLP

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