Por siempre Evita
 
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Por siempre Evita

Por Flavia Delmas*

Este 26 de julio se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Eva Duarte de Perón. Han pasado sesenta y seis años y sin embargo su fuerza de mujer valiente y decidida, dispuesta a romper con mandatos y a desafiar límites, promotora, organizadora y ejecutora de políticas revolucionarias, conductora del primer movimiento de masas de mujeres, con claros posicionamientos de clase, sigue tan vigente como entonces.

Podemos afirmar que Evita fue quien produjo la ruptura simbólica de mayor envergadura en el siglo pasado, a nadie se le escapa que en la configuración de la sociedad patriarcal de entonces, la llegada de las mujeres al poder era un anhelo y para algunas pocas una lucha que se demostraba infructuosa. Eva llega al poder de una manera no imaginada, se lo apropia, lo ejerce, aún cuando no tuviera cargos públicos, su impronta de márgenes irredentos, echa por tierra a las primeras damas de cotillón que al fin habían encontrado su opuesto. La irrupción de “Esa Mujer” en la escena pública y política iba a torcer los destinos de las mujeres, de las niñas y los niños más pobres de la patria y del pueblo trabajador en Argentina.

En 1946 pronunciaba un discurso que tiene una vigencia inusitada y que interpela fuertemente a quienes, llamándose peronistas, lucran con los cantos de sirena del neoliberalismo despreciando a los millones de personas que por sus consecuencias se sumen en la miseria. Con claridad decía que “el Peronismo es, sobre todas la cosas, un esfuerzo magnífico de las masas obreras para recuperar la Nación, para recuperar un país que había sido entregado a los usufructuarios del fraude y a los hombres sin conciencia, que, en procura del propio beneficio, se desinteresaban del dolor de los humildes. Estamos creando un mundo mejor; estamos luchando por una Argentina más justa, por una patria más grande y más fuerte, y más amiga de los trabajadores”.

Estamos ante la oportunidad de hacer un juego prospectivo sobre la figura de esa magnífica mujer que se definía como una fanática y una militante más, y repasar algunas de las tantas acciones políticas que desde el borde de toda frontera impactaba estructuras, conmovía a la sociedad en su conjunto. Una de ellas fue la de ser vocera del gobierno y mantener el diálogo con los sindicatos de la CGT, en una relación que definía como perdurable, el poder político y la organización de trabajadores y trabajadoras no podían entenderse de manera separada. Eva había salido de las entrañas del pueblo, nunca olvidó su origen y dedicó su encendida vida a suturar las heridas de ese pueblo.

“No hay victoria sin lucha”, le decía Evita a las mujeres en la campaña por el reconocimiento al voto femenino y la posibilidad de ser elegidas para cargos públicos, a las mujeres que estaban llamadas a no dejar “claros en las filas”, la convocatoria era a todas, se traba de una política de masas que como decía en su carta al diario Democracia, en 1947, “no queremos los derechos políticos como un regalo, sino como una conquista”, diría después en su primer discurso desde el balcón de la Casa Rosada, “aquí está hermanas, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de ocasos amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales…”.

Eva construyó una red de mujeres en todo el país, muchas de ellas luego dijeron que salieron de sus casas para no volver a ser las mismas. Las convocaba a ser “dueñas de su destino” enlazadas en un movimiento que tomó forma en el Partido Femenino Peronista del cual era su conductora. En el Teatro Nacional Cervantes, en un frío mes de julio, se dirigió a una multitud de mujeres reconociendo sus historias de sufrimiento en el hogar y en las fábricas, con jornadas de trabajo agotadoras, eran explotadas por el patrón de quien recibían una paga inferior a la de los varones trabajadores.

Su mirada afinada no dejaba de percibir que las mujeres eran las únicas trabajadoras que “no conocen salario, ni garantía de respeto, ni límite de jornadas, ni domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización por despido, ni huelgas de ninguna clase”. Derecho que vino a ser cumplido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la llamada “jubilación de amas de casa”, una medida harto criticada por la oposición, que por primera vez en la historia de nuestro país reconoció que las tareas desempeñadas en el hogar son un trabajo.

Y en ese análisis no se le escapaba la crítica al amor romántico y a la performatividad que el género impone en la sociedad, cuyo origen es incierto pero se normaliza a base de repetición continua. Eva decía que “todo eso –así lo hemos aprendido desde ‘chicas’– pertenece a la esfera del amor, ¡y lo malo es que el amor muchas veces desaparece pronto en el hogar…y entonces, todo pasa a ser ‘trabajo forzado’… obligaciones sin ningún derecho!”, proponía la independencia económica de las mujeres como arma fundamental para su libertad que debía ser complementada con un ingreso por cada hijo o hija que tuviera, es decir que también se anticipaba a la asignación universal por hijo.

Su estela se inscribió en el mundo, cabe recordar que en su viaje a España como representante del gobierno intercedió por Juana Jiménez, conocida como la segunda Pasionaria, que llegó a integrar el comité central del Partido Comunista Español. Eva había recibido una carta de su hijo pidiendo por su vida, “han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a mi madre”, su pedido al gobierno del dictador Franco salvo la vida de la Pasionaria que fue la última mujer condenada a muerte en la España franquista.

Creó la Fundación que llevaba su nombre, con sede en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, lugar de puertas abiertas donde recibía a multitudes de personas que previamente le habían enviado una carta contándole los problemas que tenían y que eran luego citadas a una reunión a través de otra misiva. Eva en persona las recibía, durante la cita las abrazaba, las besaba, les hablaba, en un acto de amor que les indicaba el valor que tenían quienes hasta el momento habían sido olvidados y olvidadas por todos los gobernantes representantes de la oligarquía foránea, como los definía en sus discursos.

Las obras que hizo son innumerables, algunas de ellas fueron las Casas de Tránsito para las personas sin hogar, los Hogares Escuelas en todo el país para que asistan los niños y niñas pobres en quienes veía a las futuras vanguardias revolucionarias, la República de los Niños ubicada en Gonnet, la creación de policlínicos y un tren sanitario que recorría la Argentina, los campeonatos infantiles Evita, la escuela de enfermeras, los envíos solidarios a más de 80 países devastados por la Guerra, también a países de África y a toda Sudamérica. 

Incansable compañera que fue despedida en su temprana muerte por miles y miles de personas en un día gris como el de hoy. Su cuerpo sin vida fue robado por los vende patria de la revolución fusiladora, desparecido durante décadas como claro presagio de lo que acontecería.

Ellos no pudieron borrar su memoria, que vive y late en cada una, en cada uno que toma el camino de la lucha por la justiciar social, un camino que una vez emprendido ya no tiene retorno. En estos duros tiempos, se vuelve imperioso levantar su bandera, empuñar su ejemplo, sin decaer, recordando el amor que la sostenía y que irradiaba, porque si hay algo que nos enseño es que allí donde parece no haber nada, donde reside lo invisible, se encuentra la fuerza de lo posible.

*Docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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