11 de Noviembre de 1951: se hace efectivo el voto de las mujeres
 
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11 de Noviembre de 1951: se hace efectivo el voto de las mujeres

Por Carlos Ciappina*

Cuando Evita nació el 7 de mayo de 1919 las mujeres no votaban. Ciudadanas de segunda, vivían tuteladas políticamente por los varones. No podían votar ni, por lo tanto ser electas. Evita tomó este tema como una batalla personal; y no se detuvo hasta que el Congreso Nacional sancionó en 1947 la igualdad del derecho al voto femenino.

Las primeras mujeres en ocuparse por la lucha de sus derechos cívicos, y las primeras en organizase para ello, habían sido las militantes del Partido Socialista y las Anarquistas de comienzo del siglo XX. Mujeres como Elvira Dellepiane de Rawson, Cecilia Grierson y Alicia Moreau de Justo, tomando el ejemplo del movimiento sufragista europeo, fundaron entre el 1900 y 1910 una serie de agrupaciones por  los derechos cívicos de las mujeres.

Julieta Lanteri se animó a más y solicitó, por medio de una presentación judicial, formalmente votar en la ciudad de Buenos Aires. Fue la primera mujer (y única pues el fallo fue individual) que votó en 1911. También logró un fallo judicial para ser candidata a diputada en 1919 por la Capital Federal, obteniendo unos pocos votos. 

Desde allí en adelante todos los intentos por pasar de esta “concesión” individual a la habilitación de las mujeres a votar y ser votadas se estrellaron contra el entramado de una política totalmente patriarcal y masculina. Los proyectos morían y se “archivaban” en el Congreso de la Nación.

Todo cambió rápidamente -como en muchos órdenes de la vida nacional- con la llegada del peronismo al gobierno y, en especial, con la vocación transformadora de Eva Perón:

“La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos.”

La ley 13.010 que autorizaba el voto femenino en igualdad de condiciones que el masculino  se aprobó finalmente por unanimidad. Y se promulgó –o sea se puso en vigencia- el 23 de setiembre de 1947. Dirá Evita en ese momento:

“Mujeres de mi Patria, recibo en este instante, de manos del Gobierno de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo ante vosotras, con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos, una historia larga de luchas tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de ocasos amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales. Y esto último que traduce la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional”.

Pero, no era cuestión solo de votar, Evita no se iba a quedar con la posibilidad de elegir sino que también quería que las mujeres fueran electas. Evita creó el Partido Peronista Femenino e impulsó que en las elecciones de 1951  integraran las listas. Presionó para que se candidatearan mujeres a los cargos de Diputadas y Senadoras Nacionales. En las elecciones del 11 de noviembre de 1951 fueron electas 23 diputadas nacionales (23% del total) y 6 senadoras nacionales (20% del total). La fórmula Perón-Quijano obtuvo el 63% de los votos y comenzó así el segundo mandato peronista con el voto masivo de las mujeres.

En las elecciones de 1954 se pasó de 23 a 34 diputadas nacionales y de 6 a 8 senadoras nacionales. Las mujeres no sólo votaban sino que comenzaban a ocupar cargos políticos en ámbitos decisivos como el Poder Legislativo Nacional.

El golpe dictatorial de 1955 no sólo fue un intento por dar marcha atrás el reloj de los cambios en los derechos sociales y laborales de los/as trabajadores/as y obreros/as argentinos. El golpe también tuvo el objetivo de retrotraer la política al ámbito casi exclusivamente masculino.

La participación política de las mujeres se redujo a un mínimo. En las elecciones del año 1958 que consagraron a Frondizi como presidente de la República (con el peronismo prohibido) el número de senadoras nacionales electas fue de cero y las diputadas nacionales electas fueron solamente cinco.

La situación empeoró en las elecciones del presidente Arturo Illia en 1963 (con el partido peronista también proscripto). Las mujeres no tuvieron ninguna candidata ni en el senado ni en la Cámara de Diputados. ¡Aún en 1983 el número de diputadas fue de 11 y el de senadoras de 3! 

La lucha por la igualdad en la representación política continúa todavía hoy, pero no cabe duda de que el 11 de noviembre se dio un enorme paso en el sentido de la igualdad en los derechos civiles de las mujeres. 

*Profesor y director de la Licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP

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