El oficio de educar: mucho más que una vocación
 
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El oficio de educar: mucho más que una vocación

Por Pamela Vestfrid*

En la Argentina se conmemora cada 11 de septiembre el “Día del Maestro” en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, quien se ha destacado como docente, político, escritor, periodista y militar. No obstante, su herencia más significativa ha sido en el ámbito educativo y de la cultura, al promover la enseñanza primaria obligatoria y haber logrado el crecimiento de la población escolar, en un escenario social en que se buscaba homogeneizar a los inmigrantes para alcanzar una identidad común.

¿Qué implica ser maestro?, ¿Qué cuestiones definen dicha profesión?, ¿Qué es enseñar?, ¿Existe la vocación docente?, ¿Para qué enseñar?, ¿Por qué enseñar?, ¿Cuál es la mejor manera de enseñar? Son solo algunos interrogantes, que invitan a la reflexividad.

En nuestro país los primeros niveles del sistema educativo estuvieron y están desempeñados mayoritariamente por mujeres. Las primeras maestras argentinas eran concebidas como “modelos a seguir” por parte de sus estudiantes, en relación a su comportamiento dentro y fuera del ámbito escolar. Los salarios de los docentes históricamente han sido bajos, ligándose a una tarea que se hace más por “vocación” (comprendiéndola en tanto llamado o apostolado ligado a lo religioso), que con el objetivo de recibir una retribución económica que permita vivir dignamente.

En esa línea, se encuentra la deslegitimación en el oficio de educar, como consecuencia de la crisis de la modernidad, y otras representaciones negativas del ser docente como aquella persona que trabaja apenas 4 horas, considerándose solo el tiempo que está frente a los alumnos,  invisibilizándose la complejidad que posee la actividad de enseñar, en cuanto a su planificación, estudio, evaluación, etc.

De este modo, se puede añadir el recuerdo de la Carpa Blanca en 1990 o la Escuela Itinerante en 2017, como formas de lucha innovadoras que permitieron visibilizar en la opinión pública los conflictos docentes de esos momentos y el posicionar a los docentes como trabajadores de la educación, con necesidades y derechos que deben ser reconocidos.

En ese sentido, en 2018 la explosión de gas en la escuela de Moreno dejó al descubierto las carencias en infraestructura en las que habitan diariamente docentes y alumnos, condiciones precarias para aprender y enseñar adecuadamente, que repercuten intensivamente en lo pedagógico.

Así y todo, cada año en establecimientos educativos del nivel superior muchos jóvenes y adultos de Argentina eligen formarse como docentes, como educadores, como enseñantes. No solamente para obtener una salida laboral corta, un trabajo estable o un sueldo digno. Elegir y abrazar el oficio docente posee un “plus” que otras labores no tienen. Se pone en juego el intelecto, el cuerpo y las emociones. Hay un encuentro y una comunicación permanente con otros: los estudiantes. Hay un sinfín de horas compartidas al culminar cada ciclo lectivo. Y lo que prevalece desborda la simpleza de los contenidos académicos explicitados en los diseños curriculares. Muchas veces el recuerdo de un docente bueno o malo que se ha tenido, acompaña a lo largo de toda la vida, porque ha generado sinsabores o porque ha logrado causar asombro y admiración. La experiencia educativa de cada actor social, deja una intensa marca en su subjetividad, sea éste consciente o no de ella.

¿Qué es ser docente? Es propiciar el diálogo y el encuentro con el otro, guiarlo y estimularlo para que se haga preguntas, que inviten a la problematización. En un contexto socio histórico hegemonizado por las pantallas, el aula es una de las pocas trincheras donde aún se despliegafuertemente un vínculo cara a cara, donde se puede conocer, pensar, decir, proyectar y equivocarse juntos. Donde el reto de aprender es un continuo ejercicio tanto para los educadores y educandos, porque aunque se desarrollen procesos educativos más allá de la escuela, ésta sigue teniendo un rol crucial: transmitir los saberes establecidos, pero además proporcionar las herramientas que posibiliten imaginar y tejer otras realidades.

*Profesora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

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