Comunicación y desastre: "Hermanos de agua"... Susana Fernández Carral

  Así como se constituyen los hermanos de leche ligados por un hecho tan fuerte como la madre que alimenta, existen otros hechos que también generan hermandad y la inundación en el territorio platense como un hecho extraordinario y  como experiencia de desastre,  es una demostración fáctica. Se puede decir que el fenómeno reveló e instituyó (habrá que ver por cuánto tiempo)  un nuevo estado emocional entre los afectados  y no afectados de esta catástrofe.   Ante el desastre no solo padecen las personas afectadas de manera directa, los efectos pueden alcanzar también a los que observan o  reciben información por distintos medios  y en especial los que participan simplemente del rescate o del tratamiento de las víctimas. No se trata solo de secuelas por pérdidas materiales y las posteriores circunstancias por las que se ha tenido que transitar lo que identifica, ni siquiera parecieran ser los efectos postraumáticos en común  lo que genera este nuevo vínculo, son  otros los  aspectos que aparecen,  que a modo de telón de fondo envuelve a la mayoría de los actores involucrados, como si floreciera una nueva mística de la solidaridad, como un reencontrar el verdadero sentido de la militancia en algunos casos, o un descubrir el modo de purgar viejas contradicciones y miserias,  en otros. Se acepta y se conoce el poder de destrucción de los desastres, se trabaja con eso desde las distintas disciplinas y corrientes, pero poco se habla del poder de construcción que el  desastre puede disparar y de los distintos impulsos que el mismo desencadena. Esta nueva situación puede potenciar  aspectos que son positivos en términos de resiliencia colectiva y permitirnos recomponer una confianza que a modo de herramienta genere las facultades necesarias para salir del conflicto, todo dependerá  de la lectura sobre los hechos, el aprovechamiento de la experiencia y del modo de conducir  dichos procesos.