INVESTIGACIÓN

Por Dr. Leonardo González y Dra. Silvina Pauloni

Tras analizar el proceso de la construcción noticiosa del caso “Criptogate” en cuatro medios de comunicación nacional, en su versión digital (La Nación, Clarín, Página 12 e Infobae), durante la semana del lunes 24 de febrero al domingo 2 de marzo, a través de sus titulares y en las tapas digitales matutinas, se observó el armado de narrativas diferenciales y polarizadas sobre el caso. El tratamiento informativo de los grandes medios reveló estrategias discursivas que fueron más allá de la simple cobertura periodística. Las elecciones semánticas no son inocentes; reflejan posturas editoriales y definen la manera en que la opinión pública percibe los hechos.

Cuando un medio como es el caso de La Nación, Clarín o Infobae, deciden no investigar o no visibilizar posibles actos de corrupción, lo que están haciendo es contribuir a la impunidad y al debilitamiento del control social sobre los funcionarios y las instituciones. Esta manipulación del discurso puede derivar en una percepción errónea de los hechos, donde la corrupción se convierte en un tema partidario y no en una problemática estructural del sistema político y económico.

Las elecciones discursivas de cada medio no son casuales ni neutras. Definen el marco interpretativo del caso y determinan qué elementos se destacan y cuáles se minimizan. El caso de Página 12 es un ejemplo de cómo un medio puede tomar una postura clara frente a un posible hecho de corrupción, asumiendo un rol más activo en la construcción del relato público. En un contexto donde muchos medios evitan pronunciarse de manera contundente sobre la culpabilidad o inocencia de los implicados, Página 12 adopta una posición crítica: no solo informa, sino que también interpela a la audiencia y genera presión sobre las instituciones para que actúen.

El denominado mediáticamente Criptogate comenzó el viernes 14 de febrero y hasta hoy se suceden distintos hechos con efecto dominó, entre ellos: la oposición promocionó el juicio político contra el Presidente; el Gobierno afirmó que había ordenado investigar el lanzamiento del token, solicitando la intervención de la Oficina Anticorrupción para determinar si existieron conductas impropias; se promovieron, a nivel local, más de cien denuncias penales contra el Presidente y otras personas supuestamente vinculadas a estos hechos, como también se habría promovido una denuncia, por presunto fraude, ante el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y el FBI, entre otras.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las narrativas que utilizaron los medios para contar estos hechos?

La distribución de la cobertura mediática durante esa semana en los portales fue: Página 12
(51.85%), La Nación (20.37%), Clarín (16.67%), Infobae (11.11%). Los porcentajes muestran la distribución de la cobertura en los medios y ayuda a entender cómo se posicionan en la agenda mediática. Un medio que publica un gran número de noticias sobre un tema específico, está contribuyendo, de manera significativa a la construcción del discurso sobre ese tema. Página 12, al dedicar más del 50% de la cobertura al tema, lo coloca en un lugar prioritario dentro de su agenda editorial.

Los conceptos claves y la construcción de sentido

Página 12 prioriza el concepto de «estafa», lo que implica una carga semántica fuerte: habla de un engaño con víctimas, refuerza la idea de responsabilidad penal y sugiere que hay perjudicados. Al colocar «escándalo» en segundo lugar, matiza la idea de espectacularización mediática pero sin restarle gravedad al hecho.

La Nación y Clarín prefieren el término «escándalo» y no mencionan la palabra «estafa», lo que cambiaria el foco del debate. Mientras que estafa apunta a un hecho delictivo, escándalo enfatiza el impacto político y mediático sin implicar necesariamente una ilegalidad concreta. Esto permite construir el caso como una crisis política, sin entrar en la dimensión judicial.

Infobae, evita ambos términos y se refiere al hecho como «Caso Libra», despojando la noticia de una carga negativa explícita y opta por una denominación más neutral o técnica. Esto puede deberse a una estrategia de interés del medio, que evita juicios de valor o alineaciones políticas directas. Sin embargo, amplía la lista de actores a figuras políticas clave de la oposición como Cristina Kirchner, Mauricio Macri, el kirchnerismo, PRO, UCR y FMI. De esta forma, orienta la discusión al cruce de intereses dentro de la política nacional, sugiriendo que el hecho tiene repercusiones dentro de la disputa en la política interna.
Página 12 es crítico. La corrupción, ruta de dinero y abuso de poder son conceptos utilizados para describir «la estafa» mencionada por el medio. Centraliza el tono en un delito (caso judicial que involucra al presidente) más que en un «escándalo» mediático.

La Nación es moderado. Su menor cantidad de titulares y días de publicación del tema demuestran una relativa importancia del tema. La narrativa gira en las posibles consecuencias diplomáticas y en una mirada más internacional, priorizando la estabilidad del país y la confianza de los mercados.

Clarín es ambivalente. Mantiene un tono más ambiguo en su cobertura. El uso de frases como «Javier Milei busca determinar su rol» o «salir del escándalo» denota una intención de no tomar una postura definitiva sobre la responsabilidad y a la vez deja abierta la posibilidad de un desenlace favorable para el mandatario. Plantea dudas sobre el papel del presidente en el escándalo, lo que puede generar expectativa o intriga sobre la evolución del caso.

Infobae polariza y corre del foco a Milei. Se pudo observar como la mención constante de figuras de la oposición como Cristina Kirchner y el kirchnerismo, indicaría que el medio busca vincular el escándalo con las divisiones políticas internas de Argentina. Por su parte, al nombrar a figuras de la oposición, pone de relieve que la situación no es solo un tema del gobierno de Milei, sino que abarca a todos los sectores del poder político nacional.

El análisis de cómo los medios de comunicación abordan específicamente los casos de corrupción y los escándalos políticos resultan fundamentales para el debate social. Los medios no sólo informan, sino que también configuran percepciones y encuadres narrativos que influyen en la opinión pública. Dependiendo de su línea editorial, posiciones ideológicas e intereses económicos, pueden enfatizar sobre temas de culpabilidad, impacto económico o repercusiones diplomáticas, lo que a su vez condiciona el modo en que la sociedad entiende y debate estos temas.

En un contexto donde la desinformación y la polarización son crecientes, un análisis crítico del tratamiento mediático resulta clave para fomentar un debate plural y fundamentado. En este sentido, el rol de los medios es determinante, ya que su forma de presentar la información puede favorecer un debate enriquecedor o, por el contrario, contribuir a la fragmentación y desinformación de la sociedad. En sociedades donde la corrupción es un problema estructural, la función de los medios como actores de control se vuelve crucial, y posturas como la de Página 12 refuerzan la idea de que el periodismo puede y debe tomar posición en defensa de la transparencia y la justicia.

Informe completo a continuación

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